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CONTEXTO HISTORICO

Arteaga, Mélida. Biblioteca Nacional de El Salvador (1992).

Consultado: 2016, 24 de junio de 2016.

Disponible en http://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/224198.pdf 

 

Acto de fundación e inauguración oficial.

Al proclamarse la independencia política de España, en muchos Estados latinoamericanos se crearon bibliotecas nacionales, a veces con la finalidad de servir también como bibliotecas públicas y escolares. Tal es el caso de la Biblioteca Nacional de El Salvador, que se funda con el decreto del Ministerio de Relaciones Exteriores y de Instrucción Pública, firmado por el señor Presidente de la República, Dr. Francisco Dueñas, y el señor Gregorio Arbizú, Ministro del ramo, el 5 de julio de 1870, en El Palacio Nacional, y publicado en el diario oficial El Constitucional, el 7 de julio de 1870.

Así, por medio de este decreto se instituyó la Biblioteca Nacional Salvadoreña, tal es el nombre con el que nace nuestra Biblioteca Nacional, a sólo 49 años después de proclamada la independencia de Centro América.

Por definición, la Biblioteca Nacional Salvadoreña nace por el espíritu y texto del decreto, con la función de biblioteca nacional, según el objetivo de UNESCO, que deben cumplir las bibliotecas nacionales, cual es servir como bibliotecas de depósito, es decir, que son las responsables de la adquisición y conservación de las publicaciones impresas en el país; cuando en el artículo 3 del mencionado decreto manda que “de todos los libros, folletos, periódicos o papeles sueltos que se impriman en la República son obligados los directores de imprentas, bajo la pena de cincuenta pesos de multa, a remitir al salir a luz tres ejemplares a la Biblioteca Nacional”.

Un año después del decreto de fundación el Presidente de la República, Mariscal de Campo Santiago González, tomando en consideración las ventajas que reportarla para la Universidad Nacional, firmó un acuerdo el 9 de diciembre de 1871, en el cual ponía bajo la administración del Consejo Superior de Instrucción Pública -formado por las autoridades de la Universidad Nacional- la Biblioteca Nacional Salvadoreña.

En 1887 el Ministro de Instrucción Pública, Dr. Hermógenes Alvarado, dictó un acuerdo (D.O. No. 220, 1887) con el cual separa la Biblioteca Nacional de la inspección del Consejo Superior de Instrucción Pública, dejándola bajo la dependencia del Ministerio respectivo. Esta disposición causó malestar a la Universidad y el Rector Dr. Nicolás Tijerino protestó ante el señor Ministro, aduciendo: «que en un instituto de la naturaleza

de la Universidad Nacional es indispensable una Biblioteca que proporcione a profesores y alumnos obras de consulta que puedan registrarse fácilmente, sin necesidad de recurrir a funcionarios y locales extraños al Establecimiento; y que separar la biblioteca de la Universidad, es alejar esas facilidades y poner es tropiezos innecesarios a los trabajos que se relacionan con la enseñanza».

Ante la llamada de atención del señor Rector al Ministerio de Instrucción Pública, el señor Ministro H. Alvarado, le contestó: «que el Ejecutivo, al dictar el acuerdo al que Ud. hace referencia, no tuvo la intención de inferir un cargo al Consejo de Instrucción Pública, sino que se inspiró solamente en las mayores ventajas que se obtendrían al poner la Biblioteca bajo la inmediata dependencia de aquel; pues no puede ocultarse a nadie que el Ejecutivo cuenta con mayores medios y con más amplia libertad de acción para mejorar aquel establecimiento y lograr el importante objeto que al crear la Biblioteca Nacional se tuvo en mira».

«No se priva en el derecho al honorable Consejo de la Biblioteca Nacional. Esa dependencia de que habla el acuerdo, arguye solamente al deseo, laudable por cierto, que tiene el Ejecutivo que remediar directamente los inconvenientes que hasta hoy se han pulsado para darle el ensanche que debe tener, para relacionarla con los demás centros de instrucción popular y ponerla al tanto de los progresos hasta hoy alcanzados.»

«Ha dominado también en el Ejecutivo la razón de que en todas partes las Bibliotecas oficiales son establecimientos separados, con reglamentación y movimientos propios, y en los países donde la institución de una Biblioteca pública se halla así organizada, ha producido siempre los más benéficos resultados».